Somos Tribu
Larry nunca estuvo solo. Esa noche del 24 de junio del 2023,
en el momento exacto en que él se acercó al punto desde el tiro penal, vi a
millones de hinchas, niños, niñas, familias, abuelos y abuelas, caminar con él,
junto a él, en él.
Yo, como millones, fui uno de ellos.
Larry no estaba solo. El equipo de rodillas en la mitad de la
cancha no estaba solo. El banco de suplentes no estaba solo. Los juveniles en
el estadio y en sus casas no estaban solos. Este equipo de Gamero, Llinás, Maca
y todos los demás, nunca estuvo solo.
La verdad es que Larry no pateó ese penal, lo pateamos todos.
Cada uno desde la tribuna, desde el pavimento, desde la sala
de la casa, desde un parque, desde su trabajo, desde cualquier lugar, desde
cada rincón del corazón, lo pateó.
El amor no necesita espacios sino momentos. Por eso, lo
gritamos todos, al unísono, como una gran exhalación que salió del alma y por
eso nos abrazamos como lo que somos: una tribu.
Yo vi, cuando él se acercaba a patearlo y respirar como en
toda Colombia -y en muchas partes del mundo- todos respirábamos con él, todos
tomábamos aire y a una sola voz, todos hacíamos un pequeño suspiro y nos
enfocábamos en el balón, en el arquero que saltaba y saltaba, en la portería
que se hacía pequeña.
Nos enfocábamos en repasar la historia y en vislumbrar el
futuro. Larry no estaba solo. La tribu azul estaba con él, junto a él, en él.
Luego, todo fueron lágrimas de amor…
Hay emociones que se salen de las cinco cincuenta del alma y
se toman todo el cuerpo. Hay emociones que andan en procesión, arrodilladas, a
la espera de una señal para salir. El 24 de Junio del 2023 fue uno de ellos, por
eso lo gritamos con el alma, por eso nos conmovió como lo hizo.
Yo, cuando cierro los ojos, aun veo y recuerdo a millones
llorar. Yo vi a los jugadores hacerlo de alegría. Vi a hinchas de antes
emocionarse a rabiar. Vi a niños y niñas entender la pasión. Vi a muchos
derrumbarse por dentro en emoción. Yo mismo lloré en silencio, en público, en
privado. Lloré de alegría y también de rabia acumulada. Lloré por años de nudos
atragantados, por árbitros injustos y asustados que nos afectaron, por
directivos que minaron al equipo, y por la memoria de los fundadores que lo
hicieron grande. Lloré de ilusión. Lloré por Millos. Lloré por mi papá, por mis
hijas, por los que estuvieron y ya no están, por los que vendrán, por los hijos
de los hijos que nacerán azules. Lloré, por ADN, por esa herencia que me
habita. Lloré, porque no había otra forma más humana y sincera de celebrar.
Al final, somos la alegría que habita en nuestro cuerpo y ese
día Millonarios fue toda nuestra vida.
Hoy, con la calma que dan los días, debo decir que los ojos
se siguen aguando con el recuerdo, con las palabras, con los videos, con las
frases. Se aguan cuando camino de nuevo a patear con Larry, junto a él, con él.
La nostalgia es un lugar sagrado para el hincha en la noche
más linda del mundo y desde entonces la
nostalgia es una estrella llamada 16.
Ese día, como ha sido por años -siempre- Millos no estuvo
solo. Millos y sus jugadores y directivos y téçnicos y equipo administrativo,
hinchas, pasados y futuros, estuvieron siempre acompañados por su tribu. Una tribu que ha reivindicado cada gol y cada
triunfo y cada derrota con entereza, con más amor, haciéndose más fuerte, protegiendo
ese estado del alma azul.
Al final, cada cual tendrá en su cabeza sus propias anécdotas
y sus recuerdos de ese día y ese momento. Cada uno valorará sus lágrimas y
tendrá claro el por qué y el para quien las dio. Cada uno tendrá ese día tatuado
a su manera. Pero, lo cierto, es que cada vez que se evoque ese momento, esas
lágrimas tendrán un sabor especial, un recuerdo único, tendrán a millones caminando
por El Campín y acompañando a Larry a patear.
El grito que se tomó la ciudad, el grito de esta tribu, nunca
debe cesar...
Hoy sabemos que juntos gritamos, juntos lloramos, y las lágrimas
que por años se acumularon en frustraciones, burlas, irrespetos, fueron por fin
merecidamente lágrimas de felicidad.
Eso es Millonarios, una tribu que no abandona, una hinchada
que mira en alto porque sabe que su amor ha sido sincero y que sabe que su
historia y grandeza no es de ahora, sino de siempre. Un amor eterno que entre
todos hemos sabido y debemos siempre cuidar.
Larry nunca estuvo solo. Esa noche del 24 de junio del 2023,
en el momento exacto en que él se acercó al punto desde el tiro penal, vi a
millones de hinchas, niños, niñas, familias, abuelos y abuelas, caminar con él,
junto a él, en él.
Somos tribu y esa noche lo fuimos aun más.
@Andresgomezv.