CONFESIONES DE UN HINCHA

Desde pequeño me prometí ser hincha. Nada más que eso. Un mendigo del balón, del fútbol, un incondicional de Millos, un seguidor de jugadores talentosos, un vagabundo de estadios.

Millos en la mala

Cada enero empezábamos los torneos esperanzados en que ese año si fuera el de Millos. Los días, los meses pasaban y esa espera era una tortura. Hoy, esa espera acabó. Ya no hay tiempo para la angustia. Es enero, y pensamos en las cinco opciones de título que tenemos, pero sobre en lo que ganamos en el 2012 y en lo que nos quitamos de encima.

Pero estas cortas palabras no son para hablar de lo que viene, ni para explicar lo que se ha explicado. No. Estas palabras  huyen de la nostalgia y evocan es esperanza. Hoy, es momento de reafirmar. De soñar sabiendo que hay realidad. De que la posibilidad no  es esquiva. De que hay jugadores, directivos e hinchada. Este enero es para recordarles a todos aquellos que por años "estuvieron deseándonos la mala" , que hacían del dolor propio una fiesta ajena, que el guayabo se acabó, pero no la fiesta ni la celebración.

Como dice la canción, “Ya les demostramos lo que es Millos en las malas”. Ahora, que se tengan los estadios, las tribunas, las calles, porque la banda del azul llegará más fuerte que nunca, más unida, más convencida de que un trabajo serio y transparente en lo administrativo y financiero, genera resultados en lo deportivo.

El movete Millos movete se jubiló el año pasado. Hoy, sólo vamos por el gol. Sólo vamos a recuperar esa historia que siempre nos acompañó hasta que tuvimos la cabeza Gacha y el innombrable nos dejó como él.

 Millos, en El Campín debe ser infranqueable, y de visitante debe asustar sólo con su presencia y contundencia.

Ojalá, “Que no alcancen las tribunas, que no alcancen las entradas…” Este Millos ya no sueña con la 14. Ya la tatuó en la camisa, entre el pecho y el alma. Ahora soñamos con cabalgar – con humildad- en el lugar que la historia nos ha tenido siempre guardado.

El gigante ha despertado. Que se venga la Liga, la Copa, el torneo, que se vengan los colombianos o los sudamericanos, que acá los recibimos…

Señores y señoras, que no les quepa duda, este es el famoso Millos, el equipo embajador…

Es enero, y Millos ya no está en la mala!
 
pd: La cancion de Millos en la mala: (adaptada de una de River Plate) http://youtu.be/azMqyeQU4Zw
 @andresgomezv

Ídolos

Columna publicada enero 3 de 2013 en El Espectador.  http://www.elespectador.com/opinion/columna-394878-idolos

Nuestros ídolos terminan casi siempre en un nostálgico fracaso. Los maduramos biches, los endiosamos y, al final, terminan estrellándose con su propia fama.

 
Son grandes en las canchas o pistas, pero fuera de ellas son un desastre, como si el talento del juego fuera inversamente proporcional a su inteligencia cotidiana.
Antonio Cervantes, Kid Pambelé, se tambalea entre la droga y los jabs que solía dar. Juan Pablo Montoya fracasa y fracasa con petulancia en la Nascar. Faustino Asprilla, quien se retiró a mitad de carrera, aparece en titulares por escándalos. Así la enumeración podría ser infinita: Higuita, Usuriaga, Teófilo...

Tenemos ídolos que no se merecen el remoquete. Humanos que triunfan un par de veces en el deporte, pero fracasan la mayoría del tiempo en la vida.
Por eso, toparse con Radamel Falcao García es encontrar lo que parece ser un ídolo de verdad, verdad. Uno de esos Messi o Michael Jordan que nacen pocas veces y que se hacen querer en la cancha y sobre todo fuera de ella.

Es muy pronto, es cierto, pero qué falta que nos hacía como país un ídolo como Falcao. Un triunfador bien hecho. Un hombre tranquilo y decente, más allá de su fe. Un jugador al que no se ve envuelto en escándalos sino en premios. Un hombre sencillo que envía mensajes optimistas, decente, que saluda y se despide, que no se deja obnubilar por la fama, que es consciente de que su talento debe también estar en el día a día.

Ojalá no me equivoque. Ojalá no se pierda en el camino, que no gambetee la suerte que tiene y que a punta de trabajo y de talento lo ha llevado a donde hoy está. Ojalá ese rumor sobre su edad se aclare de una vez por todas. Ojalá no se vaya al Madrid o a equipos a los que sólo les interesa el jugador y no el ser humano. Ojalá triunfe aún más y se convierta en ese arquetipo de lo que un deportista colombiano debería ser. Él y Mariana Pajón son trincheras en medio de la guerra.

Falcao es el deportista del 2012, pero ojalá lo sea por muchos años más, por una simple razón: qué bueno es encontrar grandes seres humanos enfundados en las camisas de los dioses, que entienden que son de carne y hueso.

Ídolos de cotidianidad. Ídolos que nos hacen falta en un país en donde un día se es Dios y al otro, demonio.

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@andresgomezv