CONFESIONES DE UN HINCHA

Desde pequeño me prometí ser hincha. Nada más que eso. Un mendigo del balón, del fútbol, un incondicional de Millos, un seguidor de jugadores talentosos, un vagabundo de estadios.

EL DERECHO A CELEBRAR

Fueron muchos años de dolor, de tristezas, de ver como en el último segundo, a pesar de haber hechos buenos juegos, torneos, de haber dejado el alma, se escapaba el trabajo, la ilusión, el sueño. Ganar el miércoles no era solo ganar una Superliga, era ganar, sobre todo, en la autoestima. Era la revancha. El grito ahogado que quería salir. La rabia acumulada por años. La ilusión de que todo tiempo futuro volverá a hacer como en los inicios y durante décadas, donde Millonarios tenía un sitial de privilegio reservado, único, al frente.


Lo del miércoles era para volver a vivir, y entender que el título de Diciembre ante Santa Fe no iba a ser efímero. Una sonrisa hermosa, única, significativa, pero de pronto pasajera. Que el amor del bueno nos tenía reservada otra felicidad.


No era la copa, era lo que significaba.  No era por el partido, era por el amor.

Eso es lo que significó para millones de hinchas de Millos ganarle a Nacional el Miércoles. Era por nosotros, no por nadie más.
El grito del capitán, la celebración de los jugadores, del técnico, de los directivos, la alegría que recorrió Colombia, porque sí, Millos es de Colombia, no era nada distinto a entender que por años nos aguantamos los fracasos y dolores, pero nunca abandonamos. Nos hicimos, por el contrario, más hinchas en la adversidad, porque cuando se nace con ese amor por un equipo, nada lo puede acabar.
Por eso, y por miles de razones más, que el alma no sabe escribir, es que lo celebramos a rabiar, es que lo seguimos compartiendo, es que andamos con la sonrisa en las cinco con cincuenta del alma.
Por que que nadie se equivoque, tenemos el derecho a celebrar. Tenemos el derecho a sonreír. Tenemos el derecho a gritarlo a los cuatro vientos una y otra vez, a dar la vuelta en el territorio donde lo gestamos, a recibirlos como héroes, a tatuarnos el corazón azul, a agradecerles el Domingo en El Campín con un aplauso de horas: Millos ya salió campeón, y se lo dedicamos a todos, pero en especial, a los que creen que no tenemos derecho a celebrar.
Que lindo es nacer siendo de Millos. Esta es la herencia que me dejó papá.
 
Andrés Gómez V.