La semana pasada,
Millonarios sufrió su peor derrota en los últimos años. Esta vez, no fue el
Chiqui, ni López, Rendón o Franco los que nos condenaron a la rabia y el dolor.
Esta vez no fue el Real Madrid el que nos goleó. Esta vez no fue un árbitro el
que nos metió la mano.
No. esta vez, fueron los
mismos que nos salvaron del horror de hace unos años, y que demostraron que no
son ángeles sino demonios.
Ver al Profesor Torres con
lágrimas en los ojos, ver a los hinchas impotentes entregar su mejor aplauso y
su mejor reconocimiento al trabajo, a la ética y al profesionalismo, derrumba a
cualquiera.
Ver la salida de Gaitán y su
equipo de colaboradores, le tiene que doler a todo aquel que entiende que
Millonarios F.C se había convertido en un referente empresarial por el modelo
que manejaba. Un orgullo de empresa.
Pero más allá de estar de
acuerdo o no con los cambios, lo que molesta es la forma en que se hicieron, el
irrespeto por el Presidente, el técnico, los jugadores y sobre todo la hinchada.
Lo que molesta es que de nuevo priman los intereses personales y no los colectivos.
Claro, un equipo es de sus
accionistas mayoritarios, por lo menos ante la ley. Ellos ponen la plata y
toman las decisiones. Pero la verdad, un equipo es también de sus hinchas. Aunque
ponen menos plata, son los clientes del negocio. Sin clientes, no hay utilidad
que valga. Sin satisfacción de los clientes, no hay empresa sostenible.
Nosotros somos el alma, aunque ellos sean la billetera.
Es claro, que esta vez ni
Torres ni Gaitán eran de utilidad, y que esa utilidad es la discordia.
Yo, por el momento, seguiré
apoyando al equipo, iré al estadio, dejaré mi alma como hincha, porque mi amor es incondicional a Millos, no a sus
directivos.
Espero que la apuesta
funcione, que el nuevo Presidente –aunque llegue por recomendación, y no por una
firma de cazatalentos- entienda lo que
significa Millonarios. Espero que el técnico y el asesor deportivo estén a la
talla de sus sueldos y de Millonarios.
Pero eso, no quiere decir
que no esté molesto con la forma en que se manejó la salida de los héroes. Pero eso no quiere decir que no
invite a todos a fiscalizar, a tener los ojos abiertos, a cogobernar. Los
hinchas somos también dueños, de otra manera, de los clubes.
La semana pasada perdimos
por goleada y todos nos dimos cuenta. No hubo transparencia ni buen gobierno. Fuimos
de nuevo una finca, aunque ahora el dueño es de saco y corbata.
Ahora, solo queda, como cada
domingo después de una derrota, volver a levantarse, porque Millonarios no
puede nunca perder de nuevo su dignidad. Ellos son la billetera, pero nosotros
somos el alma. Eso nunca se debe olvidar.
@andresgomezv