Lo del miércoles era para volver a vivir, y entender que el título de Diciembre ante Santa Fe no iba a ser efímero. Una sonrisa hermosa, única, significativa, pero de pronto pasajera. Que el amor del bueno nos tenía reservada otra felicidad.
No era la copa, era lo que significaba. No era por el partido, era por el amor.
Eso es lo que significó
para millones de hinchas de Millos ganarle a Nacional el Miércoles. Era por
nosotros, no por nadie más.
El grito del capitán,
la celebración de los jugadores, del técnico, de los directivos, la alegría que
recorrió Colombia, porque sí, Millos es de Colombia, no era nada distinto a
entender que por años nos aguantamos los fracasos y dolores, pero nunca
abandonamos. Nos hicimos, por el contrario, más hinchas en la adversidad,
porque cuando se nace con ese amor por un equipo, nada lo puede acabar.
Por eso, y por miles
de razones más, que el alma no sabe escribir, es que lo celebramos a rabiar, es
que lo seguimos compartiendo, es que andamos con la sonrisa en las cinco con
cincuenta del alma.
Por que que nadie se
equivoque, tenemos el derecho a celebrar. Tenemos el derecho a sonreír. Tenemos
el derecho a gritarlo a los cuatro vientos una y otra vez, a dar la vuelta en
el territorio donde lo gestamos, a recibirlos como héroes, a tatuarnos el corazón
azul, a agradecerles el Domingo en El Campín con un aplauso de horas: Millos ya salió campeón, y se lo dedicamos a todos, pero en especial, a
los que creen que no tenemos derecho a celebrar.
Que lindo es nacer
siendo de Millos. Esta es la herencia que me dejó papá.
Andrés Gómez V.