CONFESIONES DE UN HINCHA

Desde pequeño me prometí ser hincha. Nada más que eso. Un mendigo del balón, del fútbol, un incondicional de Millos, un seguidor de jugadores talentosos, un vagabundo de estadios.

Petro y el fútbol

No voté por Petro. Tampoco y mucho menos lo haría por un tipo del siglo XV como el actual Procurador. Me inclino más por un Mockus y su mezcla de filósofo y ejecutor.

Una vez clara la posición política, debo confesar que en los últimos días me ha parecido que Petro se ha convertido en un director técnico de equipo de fútbol, (sólo le falta la sudadera) que a raíz de sus malos resultados deportivos, y luego de una arbitraria sanción (no por la sanción, sino por el tamaño de la misma) decide culpar a todos, convocar a marchas, asumir posición de víctima y nunca, jamás, aceptar que no ha podido ganar por falta de él, y no de los otros.
Dicen que para ser técnico se necesitan 3 fotos y ser terco. Petro, podría mandar las fotos y ya.

No sólo es terco, sino que siempre tiene la excusa perfecta: La culpa no es de él, sino de los rivales corruptos que por años han manejado el fútbol a su antojo y que no van a permitir que un equipo chico, como el que él dirige ascienda y triunfe. La culpa siempre está en el balón que nos tocó y no en el propio
Los errores del planteamiento se deben a querer revolucionar el fútbol y a que los otros no lo dejan y se amangualan con los periodistas deportivos y los dueños de los equipos para despotricar, porque lo que hay detrás es una mafia que no quiere dejar que avance el toque toque.  

Si hay fallas, son porque el árbitro está comprado, el fútbol está amañado y no le perdonan su pasado como volante de marca en donde dio pata indiscrimandamente, como quien baja las tarifas de Transmilenio.
Si los grandes medios no muestran sus goles, aunque sean en la derrota 4 a 3 en un partido amistoso, es porque no quieren dejar que sus eximios delanteros, dignos del jardín botánico, sean vendidos al exterior. Y si en cambio muestran a sus defensas mal paradas, todo lo hacen para generar una sensación de caos.

Hasta los autogoles son producto de la presión arbitraria de los grandes patrocinadores del futbol que se atrincheran en sus oficinas lujosas para conspirar.
Y así, uno podría continuar, mirando desde la tribuna y los micrófonos, como los únicos que le comen cuento son los mismos que en unos meses lo olvidaran. Porque el fútbol y la vida son iguales. Un día somos héroes, y al domingo siguiente villanos. Un día le damos un título a un equipo, y al otro somos desempleados en el anonimato.

Puede que no sepa mucho de política o de fútbol, pero he visto a muchos técnicos no aceptar sus fallas, no asumir sus responsabilidades, y alebrestar a los hinchas en contra de los árbitros, la Dimayor,  los patrocinadores, los rivales, etc.
Al final, siempre pasa lo mismo. El técnico sale del equipo, deambula por otras instituciones, y al final se convierte en un versero que cría caballos de paso, que va de equipo en equipo sin gloria, que se pierde en la muchedumbre.

Los hinchas, que en el caso de Petro viven un rato en carnaval, se cansaran tarde o temprano de la supuesta persecución, de la imposibilidad de ver resultados y poco a poco se irán alejando. No son hinchas de verdad, son seguidores de momentos: clasiqueros.
Empieza otro año y otro técnico vendrá y sueñan –con el el alma intacta- que el sí les dará la estrella y les cumplirá los sueños. Hoy sirven al siervo que fue rey, pero mañana servirán a otro rey.

El fútbol es un reflejo de la vida. No hay mejor metáfora que un balón. Pero lo cierto, es que cuando uno pierde los partidos, cuando solo un tercio de la hinchada está feliz y cree en el equipo, cuando el descenso está a flor de piel, y cuando la ciudad – o el equipo que se ama- no parece tomar rumbo, lo único que queda no es protestar, sino exigir que el técnico sea parte de la solución, y no como en este caso, la causa esencial del problema.
A acusar a otros, de que todos los goles anulados no estaban en fuera de lugar…

@andresgomezv

@confesionesdeunhincha

El alma y la billetera


La semana pasada, Millonarios sufrió su peor derrota en los últimos años. Esta vez, no fue el Chiqui, ni López, Rendón o Franco los que nos condenaron a la rabia y el dolor. Esta vez no fue el Real Madrid el que nos goleó. Esta vez no fue un árbitro el que nos metió la mano.

No. esta vez, fueron los mismos que nos salvaron del horror de hace unos años, y que demostraron que no son ángeles sino demonios.

Ver al Profesor Torres con lágrimas en los ojos, ver a los hinchas impotentes entregar su mejor aplauso y su mejor reconocimiento al trabajo, a la ética y al profesionalismo, derrumba a cualquiera.

Ver la salida de Gaitán y su equipo de colaboradores, le tiene que doler a todo aquel que entiende que Millonarios F.C se había convertido en un referente empresarial por el modelo que manejaba. Un orgullo de empresa.

Pero más allá de estar de acuerdo o no con los cambios, lo que molesta es la forma en que se hicieron, el irrespeto por el Presidente, el técnico, los jugadores y sobre todo la hinchada. Lo que molesta es que de nuevo priman los intereses personales y no los colectivos.

Claro, un equipo es de sus accionistas mayoritarios, por lo menos ante la ley. Ellos ponen la plata y toman las decisiones. Pero la verdad, un equipo es también de sus hinchas. Aunque ponen menos plata, son los clientes del negocio. Sin clientes, no hay utilidad que valga. Sin satisfacción de los clientes, no hay empresa sostenible. Nosotros somos el alma, aunque ellos sean la billetera.

Es claro, que esta vez ni Torres ni Gaitán eran de utilidad, y que esa utilidad es la discordia.

Yo, por el momento, seguiré apoyando al equipo, iré al estadio, dejaré mi alma como hincha, porque  mi amor es incondicional a Millos, no a sus directivos.

Espero que la apuesta funcione, que el nuevo Presidente –aunque llegue por recomendación, y no por una firma de cazatalentos-  entienda lo que significa Millonarios. Espero que el técnico y el asesor deportivo estén a la talla de sus sueldos y de Millonarios.

Pero eso, no quiere decir que no esté molesto con la forma en que se manejó la salida  de los héroes. Pero eso no quiere decir que no invite a todos a fiscalizar, a tener los ojos abiertos, a cogobernar. Los hinchas somos también dueños, de otra manera, de los clubes.

La semana pasada perdimos por goleada y todos nos dimos cuenta. No hubo transparencia ni buen gobierno. Fuimos de nuevo una finca, aunque ahora el dueño es de saco y corbata.

Ahora, solo queda, como cada domingo después de una derrota, volver a levantarse, porque Millonarios no puede nunca perder de nuevo su dignidad. Ellos son la billetera, pero nosotros somos el alma. Eso nunca se debe olvidar.

 


@andresgomezv

Canalla


Los hinchas de Millonarios no somos asesinos. Ni lo son los de Nacional, Santa Fe, Medellín, América y cualquier otro de los más de 36 equipos que hay en la A y la B. El hecho de que unos delincuentes, vándalos, asesinos profesen el cariño por un equipo – o porten una camisa- no los hace representantes del mismo, ni puede llevar a meter a todos los hinchas de ese equipo en el mismo saco.

Los hampones lo son, sin importar raza, credo, nacionalidad o equipo por el cual hinchan. Igual que los corruptos.  El problema no está en el fútbol. El fútbol no es la causa de la violencia.

Seamos serios. Estigmatizar a los hinchas de Millonarios, o de cualquier otro equipo, y culpar al fútbol es no entender ni el país en el que se vive, ni el fútbol como esfera cultural en la cual se desarrollan las pasiones humanas.

Los hinchas rechazamos la violencia porque nos impide vivir el fútbol en carnaval. Porque todos anhelamos poder llevar la camiseta y el alma sin miedo. Los hinchas rechazamos todo acto estúpido, injustificado y toda agresión.

Pero también rechazamos las medidas populistas de los gobernantes, que buscan a las barras para conseguir votos, pero luego las abandonan. Los hinchas rechazamos a los medios de comunicación que incentivan la violencia, la rivalidad, las “guerras” y luego se hacen  las asombradas ante la violencia.

Los hinchas rechazamos a los directivos que promueven el odio, que no pagan sobre la mesa, que tratan a los jugadores como prostitutas y luego esconden sus vergüenzas como quien arruma polvo debajo de un tapete.

El fútbol es una expresión cultural, con un trasfondo social. No es la causa de la violencia, sino por el contrario, un espacio como pocos de catarsis, democrático como pocos, de amistad, en donde por 90 minutos el amor por un equipo llena el alma de vida: no de muerte. Sin fútbol, seriamos un país y una sociedad aún más violenta.

Podría seguir, como quien deja escapar a un delantero por la banda, pero no lo haré. Hoy, solo quería reiterar que el fútbol no es la causa de la violencia, que el hecho de que un asesinos simpatice con un equipo no hace a los otros millones de hinchas simpatizantes del asesino ni complaciente con sus causas; y que en la violencia que genera el fútbol la culpa es de todos, así como la solución: periodistas, dirigentes, jugadores, autoridades, pero que no se logrará transformar nada, hasta que los que toman decisiones no entiendan la esencia y la raíz del fútbol, de las barras, del entorno y dejen de mirar a los hinchas como delincuentes y al fútbol como el problema.

El problema es otro: injusticia, pobreza, falta de oportunidades, ladrones de cuello blanco, impunidad, etc.

Eso sí, ojalá a todo asesino, corrupto, ladrón, (sin importar si tiene o no camisa de un equipo) la justicia cuando lo juzgue sea justa y le de sanciones acorde a sus actos. Sin justicia no hay posibilidad de progreso.  

El fútbol, es lo más importante de lo menos importante, pero la vida humana es lo más importante hoy, mañana y siempre.

Paz en el fútbol.
@andresgomezv

De Millonarios me enamoré


 
Los amores no tienen fecha. No podría recordar el día exacto en que pasó, -la memoria distrae los recuerdos- pero lo que si sé es que ese amor no ha dejado nunca de estar, y que domingo tras domingo se ha hecho cada vez más fuerte.

Yo me enamoré de un Millonarios versión 1982, con ese loco en el arco que se llamaba Vivalda. Yo lo vi campeón en 87 y en el 88, aunque fuera con la cabeza gacha. Yo lo acompañé en tardes hermosas de los 90, y en jornadas silenciosas de lluvia y me fui quedando solo en la tribuna, con cientos de desconocidos que soportamos a Castelnoble y a tanto ladrón que pasó por allí.

Yo lo apoye a pesar de toda su dirigencia innoble que soportamos hasta el 2011, y lejos de avergonzarme de ese amor, lo hice más fuerte, porque siempre supe que los directivos y los jugadores pasan, pero el club siempre queda. El club de Don Alfonso Senior…

Yo vi a Millos en su grandeza y en su declive,  y también lo vi resucitar al tercer domingo y volver a la gloria. Yo lloré, con el corazón roto, cuando el Chiqui García y López lo desangraban, hice huelga y deje de ir al estadio por un año, con el corazón pegado a la radio y a la televisión y ese dolor de ausencia que me quitaba la sonrisa.

Yo lloré, como nunca, de alegría e incredulidad, cuando el 16 de diciembre del 2012 se acabó el maleficio, y pase varias noches en vela con los ojos aguados recordando ese momento.

Yo, de Millos me enamoré hace más de tres décadas, pero creo, que era un amor que ya tenía desde antes de nacer; un amor heredado de papa, amor genético, un amor a prueba de dolores y decepciones, un amor que se hacía más fuerte en la adversidad.

Hoy, en el cumpleaños 67 de Millos, de mi Millos, del cual soy también socio para ayudar a rescatarlo, puedo decir, que este amor me ha inundado el alma de más alegrías que de tristezas, y que si Millonarios no existiera, sería yo un ser incompleto. Un vagabundo. Un errante de canchas y nombres. Un seguidor del fútbol, pero no un hincha con un amor tan claro.

De Millonarios me enamoré, y no hay palabras para decirle este amor. Seguiré, cada vez que juega, haciéndolo lo más importante de mi día, lo más sagrado, lo más cercano a habitar un paraíso.

Millos es mi amor verdadero, un amor que en medio de mi familia se hace más fuerte, porque ellos entienden que este amor es lo que me da alegría, ilusión, vida…

Feliz cumpleaños campeón, feliz cumpleaños Millos del alma..

Pd. “El día en que me muera, yo quiero mi cajón, pintado azul y blanco, como mi corazón”

Extrañando a Wilberto


 
Los oí gritarle. Putearlo. Maldecirlo. Los oí, con la claridad de quien se sienta en las gradas sólo a apoyar, vociferar contra él, por su torpeza, por sus goles que se comía a boca de jarro, los oí señalar que no era para ser titular del club más importante de Colombia.

Yo  mismo, en silencio, alguna vez también lo pensé. Cuando esa figura que era Osorio Botello se fue, sentí un frió en la delantera. Pero cuando hizo el gol ese 16 de diciembre inolvidable, y lo gritó con rabia en un eco interior, recordé que hacía algunos –no muchos- goles claves. Él se lo grito a la tribuna que lo gritaba a él.

Hoy, meses después, debo decir que extraño a Wilberto. Extraño su torpeza, pero también  su velocidad. Extraño las pifias que hacía en el área, pero también sus goles, sus diagonales, su fuerza para cabecear en defensa y en ataque, la profundidad que le daba al equipo, los espacios que le creaba a Mayer, etc, etc, etc, pero sobre todo, extraño su humildad, la humildad de quien comió mierda por años y no se dejó amedrentar por la tribuna.

Wilberto tenía hambre de triunfo. Sed de protagonismo. Ansia de ser titular en un equipo como Millos. Hoy, él hace parte, quiéranlo o no, de esos héroes que nos dieron la 14. Hoy hace parte de esa delantera que metía miedo y que sobre todo, nos dejó afónicos de gritar campeón.

No voy a juzgar a Watson o a Montero, mal haría. Yo, solo extraño a Wilberto. Con la ida de él a el futbol mexicano, Millos no perdió un delantero, sino a un hombre que ante la adversidad se hacía más fuerte, a un mulato que no tuvo miedo de triunfar en el equipo más grande de Colombia, aun cuando muchos, por no decir miles, querían que no estuviera acá.

Claro, no será jamás un grande como Funes, ni siquiera un Henry Zambrano, o la mitad de un Marcio Cruz, no tendrá la clase de un Julian Tellez, o la potencia de un un un un un, (lo que sea) no será un tal cual que pasó desde 1989 y hasta el 2012 por este equipo y que no nos dio un título.

Extraño a WC, como quien extraña una novia que aunque fea, uno la quería en silencio por su belleza interior. Lo extraño, porque hoy este equipo azul, del alma, no tiene quien se levante contra la adversidad y demuestre que es en la cancha donde están los varones, los que se juegan el alma, y no en la tribuna, o en la tv, donde usted y yo, donde yo y usted, o los medios, criticamos sin saber lo que es pisar una cancha de verdad.

Homenaje tardío a ese puntero torpe, pero guapo, descachado a veces, que nos dio, junto con los otros jugadores, el título que la tribuna le negó.

Homenaje a Wilberto Cosme, el delantero que extraño hoy…

#volveremos
 
Pd. Hablemos de fútbol, no de las tensiones. Un equipo y una hinchada son tan fuertes, como su capacidad de aislarse de los medios...

@andresgomezv

confesionesdeunhincha@yahoo.com  

Millos en la mala

Cada enero empezábamos los torneos esperanzados en que ese año si fuera el de Millos. Los días, los meses pasaban y esa espera era una tortura. Hoy, esa espera acabó. Ya no hay tiempo para la angustia. Es enero, y pensamos en las cinco opciones de título que tenemos, pero sobre en lo que ganamos en el 2012 y en lo que nos quitamos de encima.

Pero estas cortas palabras no son para hablar de lo que viene, ni para explicar lo que se ha explicado. No. Estas palabras  huyen de la nostalgia y evocan es esperanza. Hoy, es momento de reafirmar. De soñar sabiendo que hay realidad. De que la posibilidad no  es esquiva. De que hay jugadores, directivos e hinchada. Este enero es para recordarles a todos aquellos que por años "estuvieron deseándonos la mala" , que hacían del dolor propio una fiesta ajena, que el guayabo se acabó, pero no la fiesta ni la celebración.

Como dice la canción, “Ya les demostramos lo que es Millos en las malas”. Ahora, que se tengan los estadios, las tribunas, las calles, porque la banda del azul llegará más fuerte que nunca, más unida, más convencida de que un trabajo serio y transparente en lo administrativo y financiero, genera resultados en lo deportivo.

El movete Millos movete se jubiló el año pasado. Hoy, sólo vamos por el gol. Sólo vamos a recuperar esa historia que siempre nos acompañó hasta que tuvimos la cabeza Gacha y el innombrable nos dejó como él.

 Millos, en El Campín debe ser infranqueable, y de visitante debe asustar sólo con su presencia y contundencia.

Ojalá, “Que no alcancen las tribunas, que no alcancen las entradas…” Este Millos ya no sueña con la 14. Ya la tatuó en la camisa, entre el pecho y el alma. Ahora soñamos con cabalgar – con humildad- en el lugar que la historia nos ha tenido siempre guardado.

El gigante ha despertado. Que se venga la Liga, la Copa, el torneo, que se vengan los colombianos o los sudamericanos, que acá los recibimos…

Señores y señoras, que no les quepa duda, este es el famoso Millos, el equipo embajador…

Es enero, y Millos ya no está en la mala!
 
pd: La cancion de Millos en la mala: (adaptada de una de River Plate) http://youtu.be/azMqyeQU4Zw
 @andresgomezv

Ídolos

Columna publicada enero 3 de 2013 en El Espectador.  http://www.elespectador.com/opinion/columna-394878-idolos

Nuestros ídolos terminan casi siempre en un nostálgico fracaso. Los maduramos biches, los endiosamos y, al final, terminan estrellándose con su propia fama.

 
Son grandes en las canchas o pistas, pero fuera de ellas son un desastre, como si el talento del juego fuera inversamente proporcional a su inteligencia cotidiana.
Antonio Cervantes, Kid Pambelé, se tambalea entre la droga y los jabs que solía dar. Juan Pablo Montoya fracasa y fracasa con petulancia en la Nascar. Faustino Asprilla, quien se retiró a mitad de carrera, aparece en titulares por escándalos. Así la enumeración podría ser infinita: Higuita, Usuriaga, Teófilo...

Tenemos ídolos que no se merecen el remoquete. Humanos que triunfan un par de veces en el deporte, pero fracasan la mayoría del tiempo en la vida.
Por eso, toparse con Radamel Falcao García es encontrar lo que parece ser un ídolo de verdad, verdad. Uno de esos Messi o Michael Jordan que nacen pocas veces y que se hacen querer en la cancha y sobre todo fuera de ella.

Es muy pronto, es cierto, pero qué falta que nos hacía como país un ídolo como Falcao. Un triunfador bien hecho. Un hombre tranquilo y decente, más allá de su fe. Un jugador al que no se ve envuelto en escándalos sino en premios. Un hombre sencillo que envía mensajes optimistas, decente, que saluda y se despide, que no se deja obnubilar por la fama, que es consciente de que su talento debe también estar en el día a día.

Ojalá no me equivoque. Ojalá no se pierda en el camino, que no gambetee la suerte que tiene y que a punta de trabajo y de talento lo ha llevado a donde hoy está. Ojalá ese rumor sobre su edad se aclare de una vez por todas. Ojalá no se vaya al Madrid o a equipos a los que sólo les interesa el jugador y no el ser humano. Ojalá triunfe aún más y se convierta en ese arquetipo de lo que un deportista colombiano debería ser. Él y Mariana Pajón son trincheras en medio de la guerra.

Falcao es el deportista del 2012, pero ojalá lo sea por muchos años más, por una simple razón: qué bueno es encontrar grandes seres humanos enfundados en las camisas de los dioses, que entienden que son de carne y hueso.

Ídolos de cotidianidad. Ídolos que nos hacen falta en un país en donde un día se es Dios y al otro, demonio.

confesionesdeunhincha@yahoo.com
@andresgomezv